100 cosas para hacer con tu mejor amiga, casi todas sin salir de la casa
La mayoría de los planes con la mejor amiga se cae por lo mismo: cuestan plata, exigen coordinar dos agendas o dependen del clima. Esta lista está armada al revés, partiendo por lo que se puede hacer un martes en la casa de una de las dos sin avisar con una semana de anticipación.

Los planes con la mejor amiga se caen casi siempre por la misma razón, y no es falta de ganas. Es que el plan que se propone exige plata, dos agendas libres el mismo día y buen tiempo. Tres condiciones a la vez es demasiado, así que la juntada se posterga hasta que pasan tres meses y una de las dos escribe "amiga, esto es grave".
La lista que sigue está ordenada al revés de como suelen escribirse: parte por lo que se puede hacer un martes en la casa de una de las dos, sin avisar con una semana. Los planes caros y de día completo están al final, que es donde corresponden.
¿Por qué la lista que buscas termina siendo la de la casa?
Porque la casa resuelve las tres condiciones de una. No hay que reservar, no hay hora de cierre, y sobre todo no hay que verse presentable.
Eso último importa más de lo que parece. Buena parte de lo que hace especial una amistad larga pasa en condiciones que nadie fotografiaría: en pijama, con el pelo mojado, comiendo directo de la olla. Un plan que obliga a arreglarse convierte a la amiga en compañía de salida, que es una categoría distinta y mucho menos útil.
La segunda razón es la conversación. En un restorán hay que hablar en volumen de restorán y hay un mozo esperando. En un living, la conversación puede tener silencios de tres minutos sin que nadie se incomode, y las cosas que de verdad importan casi siempre aparecen en el segundo silencio.
Veinte planes para una tarde cualquiera
- Una once larga sin hora de término: marraqueta, palta, té y nadie mirando el reloj.
- Ordenar el clóset de una de las dos y armar una bolsa para regalar.
- Cortarse las puntas la una a la otra, con tijeras buenas y expectativas bajas.
- Hacer sopaipillas y discutir en serio si van con pebre o con chancaca.
- Revisar juntas las fotos del teléfono de hace exactamente un año.
- Escribirle a una amiga con la que las dos perdieron contacto.
- Armar la lista de reproducción del verano en agosto, para tenerla lista.
- Enseñarse mutuamente algo que la otra no sabe hacer: un nudo, una receta, un atajo del computador.
- Probar el maquillaje que ninguna de las dos se atrevería a usar sola.
- Ver una teleserie mala completa desde el capítulo uno, con comentarios en vivo.
- Hacer el inventario de la despensa y cocinar sólo con lo que ya hay.
- Ordenar las fotos del teléfono y borrar las trescientas capturas de pantalla.
- Regar y trasplantar las plantas de la casa, incluidas las que están casi muertas.
- Aprenderse una coreografía completa aunque no la vaya a ver nadie.
- Contestar por escrito las mismas diez preguntas y comparar las respuestas.
- Cocinar la receta que hacía la abuela de una de las dos.
- Armar el presupuesto real del mes, cada una el suyo, en la misma mesa.
- Sacar el juego de mesa que está guardado desde hace años y jugarlo mal.
- Escribir la lista de todo lo que quieren hacer antes de fin de año.
- Hacer nada, en el mismo sillón, cada una en lo suyo. Vale y funciona.
Quince cosas que hacer cuando llueve todo el día
- Maratón de las tres películas que las dos vieron de chicas.
- Sopa desde cero, la que toma cuatro horas y ensucia toda la cocina.
- Armar el rompecabezas que nadie termina nunca.
- Hornear pan y discutir mientras leuda.
- Revisar los cuadernos del colegio si alguna todavía los tiene.
- Escribirle una carta a ustedes mismas para abrir en cinco años.
- Jugar a describirse la casa de la infancia pieza por pieza, con detalles.
- Aprender a hacer un trago decente y quedarse con uno solo.
- Ver un documental sobre algo que a ninguna le interesa y opinar igual.
- Hacer la lista de las cosas que ya no quieren volver a hacer nunca.
- Teñirse el pelo, con toalla vieja y sin ambición.
- Poner música de cuando tenían quince años y aguantar la vergüenza.
- Cocinar tallarines con salsa que se coman directo de la olla.
- Contarse en detalle un sueño raro y tratar de interpretarlo mal a propósito.
- Dormir siesta, las dos, sin culpa. La lluvia es permiso suficiente.
Quince proyectos que dan para varias tardes
- Un huerto chico en el balcón, con dos macetas y expectativas realistas.
- Aprender a coser lo suficiente para arreglar la ropa que las dos tienen guardada.
- Un curso corto de algo, viéndolo juntas una vez a la semana.
- Digitalizar las fotos impresas de las familias de las dos.
- Correr los primeros cinco kilómetros, entrenando desde cero.
- Leer el mismo libro y juntarse a comentarlo cada dos semanas.
- Un fondo común para un viaje, con monto fijo mensual y fecha real.
- Cocinar una receta nueva por semana hasta completar diez.
- Pintar una pared de la casa de una de las dos, del color que ella no se atreve.
- Un club de dos personas: una película por semana, con puntaje.
- Armar el álbum de fotos físico de los últimos años.
- Aprender un idioma hasta poder decir una frase completa.
- Hacer las cortinas, los cojines o lo que sea que lleve tres años pendiente.
- Un desafío de comida: doce recetas de doce países, una al mes.
- Escribir la lista de deseos de las dos, la clásica bucket list, y tacharla de a poco.
Diez planes para cuando una de las dos está mal
- Ir a su casa sin preguntar si quiere visitas.
- Llevar comida hecha y meterla al refrigerador porcionada.
- Lavar la loza que está acumulada sin comentarlo.
- Ver algo largo y liviano, sin obligación de conversar.
- Salir a caminar una vuelta a la manzana, sin destino ni tema.
- Encargarse de los trámites que ella está postergando.
- Escuchar el mismo relato por cuarta vez sin apurar la conclusión.
- Cambiarle las sábanas.
- Quedarse a dormir.
- No dar consejos hasta que los pida, que es el más difícil de los diez.
Quince cosas para hacer de noche sin salir
- Cocinar completos en la casa y comerlos viendo algo.
- Karaoke con el televisor y cero público.
- Contarse las cosas que nunca le contaron a nadie más, con derecho a pasar.
- Cata de vinos baratos, con papel y puntaje inventado.
- Jugar cartas hasta que una de las dos haga trampa.
- Ver el amanecer, si la conversación llega hasta ahí sola.
- Pedir la comida que las dos comían a los quince años.
- Escribir los mensajes que nunca van a enviar, y no enviarlos.
- Hacer una sesión de fotos ridícula en el living.
- Jugar a repartirse los personajes de sus vidas como si fuera una serie.
- Armar el ranking definitivo de todos los ex de las dos.
- Ver una película con el sonido en otro idioma e inventar los diálogos.
- Escribir la carta de recomendación de la otra, con todo lo que nunca le dicen en la cara.
- Terapia de sillón: una hora cada una, sin interrupciones y con reloj.
- Dormir en la misma pieza y seguir hablando con la luz apagada.
Diez planes que salen de la casa y no cuestan casi nada
- Ir a la feria temprano y cocinar con lo que estaba barato.
- Subir un cerro, cualquiera, y tomar once arriba.
- Recorrer un barrio de la ciudad donde ninguna de las dos ha estado.
- Ir al cementerio general o a un museo gratis un día de semana.
- Tomar una micro hasta el final del recorrido y volver caminando.
- Ir a una librería de viejo y comprarse un libro cada una para la otra.
- Ver el atardecer desde algún lugar alto, con algo para picar.
- Ir a la playa fuera de temporada, que es cuando de verdad sirve.
- Recorrer las ferias artesanales sin comprar nada y comentar todo.
- Ir a una plaza con un termo y quedarse hasta que oscurezca.
Doce planes para cuando tu mejor amiga ya no vive en la misma ciudad
Es el caso que ninguna lista contempla y en Chile es de los más comunes: una se queda en Santiago y la otra se va al sur, al norte o derecho a otro país. La amistad no se termina, pero se queda sin su formato habitual, que era verse sin planificar.
Lo que se rompe no es el cariño: es la rutina compartida. Dejan de tener temas chicos —el vecino, la micro, el jefe— y las conversaciones se vuelven resúmenes trimestrales de noticias grandes. Por eso la videollamada de dos horas cada tres meses deja a las dos con la sensación rara de haberse puesto al día sin haberse visto realmente.
Los planes que funcionan a distancia son los que reponen lo cotidiano, no los que compensan con intensidad:
- Hacer la misma cosa a la misma hora: cocinar lo mismo un domingo, cada una en su cocina, con el teléfono apoyado.
- Ver la misma serie sincronizadas y comentar por escrito mientras avanza.
- Leer el mismo libro con fecha de conversación puesta en el calendario.
- Mandarse la foto más aburrida del día, no la mejor. El desayuno, la fila, la vista de la ventana.
- Nota de voz larga en vez de mensaje: se escucha manejando o lavando loza, y es lo más parecido a estar en la misma pieza.
- Una llamada corta y fija a la semana, de quince minutos, mejor que una larga cuando se pueda.
- Mandar por correo algo físico dos veces al año: una carta, una foto impresa, algo de la ciudad de cada una.
- Un fondo común para el viaje que va a juntarlas, con monto mensual chico y fecha real.
- Jugar algo por teléfono: cartas, preguntas, adivinanzas. Da un motivo para llamar que no es ponerse al día.
- Compartir la lista del supermercado o el presupuesto del mes, que suena tonto y funciona.
- Turnarse para elegir una canción diaria en una lista compartida.
- Cuando por fin se vean, no llenar el itinerario. Un día de casa vale más que tres de paseo.
Si la que se fue es ella y quieres mandarle algo que dure más que el envío, los álbumes de experiencias como 100 Aventuras con Amigos o Hermanos sirven justo para eso: proponen los planes de cuando estén juntas y evitan la conversación de "¿qué hacemos?" que se come el primer día de cada visita. El resto de las opciones para regalar entre amigas está en la colección de Amigos.
Diez cosas que sólo funcionan con la mejor amiga
- Contarle la versión no editada de una historia que a los demás les contaste distinta.
- Pedirle que revise un mensaje importante antes de mandarlo.
- Decirle que ese plan, esa persona o ese trabajo no le conviene.
- Recordarle quién era hace diez años cuando se le olvidó.
- Llorar sin explicar por qué.
- Prestarle plata sin poner condiciones y sin recordárselo.
- Ir juntas al médico cuando el resultado da susto.
- Discutir en serio y volver a hablarse la misma semana.
- Aparecer en un momento importante de su familia sin ser de la familia.
- Decirle que se equivocó, después de haberla defendido en público.
Cinco planes para un día completo
- Un viaje de un día a un pueblo cercano, sin itinerario y con hora de vuelta.
- Un día de cocina completo: desayuno, almuerzo y once hechos por las dos.
- Un día de spa casero, con todo lo que ya hay en el baño.
- Un día sin teléfono, apagado de verdad, que es la desconexión digital en su versión más simple.
- Un panorama que una de las dos elija en secreto y la otra descubra recién al llegar.
¿Cómo lograr que la lista no se quede en la lista?
Con una fecha fija. Es lo único que funciona a largo plazo.
Las amistades adultas se sostienen por costumbre, no por intensidad. Un miércoles cada quince días, siempre el mismo, produce más juntadas al año que la mejor de las intenciones. Y como ya está agendado, nadie tiene que proponer nada, que es justamente donde se cae la mayoría de los planes.
Sirve además dejar la lista a la vista y tachar lo que ya hicieron. Anotar la fecha al lado de cada plan cumplido convierte la lista en un registro, y al año siguiente ese registro vale más que los planes que quedan pendientes.
Si prefieren partir de algo ya armado en vez de escribir cien ideas desde cero, hay opciones en juegos para familia y en regalos para amigos, que también se usan de a dos. Para el día del amigo suele ser el regalo más fácil de acertar. Y si la lista que necesitan es la de pareja y no la de amigas, está en 100 cosas para hacer con tu pareja.
Preguntas frecuentes
¿Qué se puede hacer con la mejor amiga en casa sin gastar plata?
Casi todo lo que sostiene una amistad larga: una once sin hora de término, ordenar el clóset de una de las dos, revisar las fotos del teléfono de hace un año, cocinar con lo que ya hay en la despensa o simplemente estar en el mismo sillón cada una en lo suyo.
¿Qué hacer con una amiga cuando llueve y no se puede salir?
Los planes largos son los que mejor aprovechan un día de lluvia: una sopa desde cero, hornear pan, armar el rompecabezas que nadie termina, una maratón de las películas que las dos vieron de chicas o escribirse una carta para abrir en cinco años.
¿Qué hacer con tu mejor amiga fuera de la casa gastando poco?
Los planes que funcionan afuera son los que no tienen entrada ni reserva: ir a la feria temprano y cocinar después con lo que estaba barato, subir un cerro y tomar once arriba, recorrer un barrio donde ninguna de las dos ha estado, tomar una micro hasta el final del recorrido y volver caminando, o ir a la playa fuera de temporada. La regla es elegir el lugar por la conversación que permite, no por lo que hay para ver.
¿Qué hacer con una amiga en una tarde, sin haber planificado nada?
Elegir algo que ya esté en la casa y que tenga una tarea de por medio. Cocinar con lo que hay, ordenar un clóset, regar y trasplantar las plantas o revisar las fotos del teléfono funcionan porque dan algo que hacer con las manos, y la conversación aparece sola. Los planes improvisados fallan cuando obligan a decidir: mientras menos se elija, más rápido parte la tarde.
¿Qué hacer con la mejor amiga cuando ya no viven en la misma ciudad?
Reponer lo cotidiano en vez de compensar con intensidad. Funcionan la misma actividad a la misma hora cada una en su casa, la nota de voz larga en lugar del mensaje escrito, mandarse la foto más aburrida del día y una llamada corta fija a la semana. Lo que no funciona es la videollamada de dos horas cada tres meses: deja la sensación de haberse puesto al día sin haberse visto.
¿Cómo acompañar a una amiga que está pasando por un mal momento?
Haciendo cosas concretas en vez de preguntar qué necesita. Llevar comida ya porcionada, lavar la loza acumulada sin comentarlo, cambiarle las sábanas o quedarse a dormir sirven mucho más que un consejo. Los consejos conviene guardarlos hasta que ella los pida.
¿Cada cuánto conviene juntarse para que la amistad no se enfríe?
Con una frecuencia fija y modesta antes que con juntadas grandes y espaciadas. Un día cada quince, siempre el mismo, produce más encuentros al año que las mejores intenciones, porque nadie tiene que proponer el plan cada vez y ahí es donde se cae la mayoría.
¿Sirven las listas de planes o terminan siempre guardadas?
Sirven si se dejan a la vista y se van tachando con la fecha al lado de cada plan cumplido. Así la lista deja de ser una promesa y se vuelve un registro, y al año siguiente ese registro pesa más que los planes que quedaron pendientes.
Redacción
Equipo editorial de 100 Aventuras. Escribimos sobre vida en pareja, familia y regalos que generan una experiencia en vez de un objeto.
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